Hace una semana que estoy aquí sentada, en el mismo rincón de este mismo sofá y de este mismo salón. En todo este tiempo he visto pasar a mí alrededor a las personas más importantes de mi vida. Entran y salen. Me saludan. Me preguntan cómo estoy, están un rato conmigo y después se van, a seguir con el ritmo vertiginoso y envidiable de sus vidas. Yo sin embargo no me muevo de aquí, y como viene siendo costumbre desde hace ya demasiado tiempo, me quedo mirando lo que pasa, y lo que me pasa, como una espectadora más a la que no le importa, ni le llega nada. Enciendo un cigarrillo, medito hasta que punto mi cuerpo me está avisando de mi propia autodestrucción. Lo apago, me digo a mi misma que debería fumar menos, que quizá sea un buen momento para empezar a quererme a mi misma de una puta vez… Intento levantarme para sentirme algo útil, pero el dolor vuelve, y yo vuelvo a sentarme. Me acurruco en mi manta de colores y me escondo en el calor de esta manta eléctrica prestada. Enciendo otro cigarrillo, me dejo llevar….
Creo que este dolor se ha metido dentro de mí para sacudirme y obligarme a levantarme. Para que empiece de nuevo, para que deje de ser la espectadora y comience vivir, sin embargo, nadie excepto yo sabe porqué estoy aquí sentada, esperando a que un milagro llame al timbre de mi casa…
